Abatimiento y desenfado

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Por Eugenio Pérez Almarales

Es tal la solemnidad y el sobrecogimiento ante el final de la vida, que resulta una verdad la frase de que “todo ante la muerte se perdona”.

Julio Jaramillo, en su popular Ódiame, alecciona para todos los tiempos a quienes se creen fuera de serie, al parecer porque no se han enterado de que “en el fondo de la fosa, llevaremos la misma vestidura”. Continuar leyendo “Abatimiento y desenfado”

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Periódico La Demajagua del 9 de marzo de 2019

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Buenos modales, mejores efectos

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Rafael Martínez Arias, carismático fotorreportero del periódico La Demajagua

Por Eugenio Pérez Almarales

“Menos mantel y más comer”, es una frase que fustiga a quienes se exceden en la exigencia y aplicación del protocolo y olvidan las esencias de la vida, sin que con citarla ose relegar la validez de las buenas maneras.Muchos apuros y hasta vergüenzas se habrían ahorrado no pocos mortales, de haber conocido normas del protocolo y del ceremonial.

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Recuerdos en el Congreso de la Upec

Por Eugenio Pérez Almarales

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En uno de los encuentros ideados por el Líder de la Revolución cubana para dar seguimiento a los acuerdos del VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, no alcanzó el tiempo previsto con la dirección del Palacio de Convenciones y Fidel habló con los delegados durante alrededor de una hora, de pie, sobre un taburete, en una cafetería del aledaño hotel Palco

Este jueves, mientras viajaba a La Habana, Facebook me trajo el recuerdo visual de una jornada inolvidable. De verde olivo, en el centro del fotograma, con su brazo izquierdo sobre mi hombro, el Comandante en Jefe Fidel Castro posaba junto a la delegación granmense al VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba.

A las 3:53 de la madrugada de aquel día de 1999, quedaba para siempre en la memoria de todos sus protagonistas el privilegio de departir con una de las personalidades más importantes del siglo, pero sin distancias, en un ambiente de confianza plena y de respeto por “el mejor oficio del mundo”, como calificó Gabriel García Márquez al de periodista. Continuar leyendo “Recuerdos en el Congreso de la Upec”

Olores

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Por Eugenio Pérez Almarales
 
Alberto Morillas, sevillano radicado en Suiza, puede recordar cerca de dos mil esencias, y el inglés Dave Roberts, dedicado al análisis del café mediante su sentido olfativo, aseguró su nariz por 3,8 millones de dólares.
 
“No soy tanto”, como dice Nicolás Guillén, pero así como el gran Emilio Valeros, “nariz” de la casa española de modas Loewe, asocia el aroma del baúl de su abuela al del pachulí -planta utilizada en la perfumería-, yo guardo en mi cerebro importantes y sutiles etapas y sucesos de mi vida, ligados a olores.

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La ética de los niños

Por Eugenio Pérez Almarales

Los niños dicen lo que piensan, y ya. Incluso, dicen lo que sueñan; sin dobleces, sin falsedades; no intentan aparentar que te quieren y ante otros hablan lo contrario, ni mucho menos te abrazan y preparan una jugarreta en tu contra, esas bajezas son exclusivas de adultos. ¡Lástima que en la adultez no todos conservemos la limpieza ética de los pequeños! Continuar leyendo “La ética de los niños”

Madres, tecnologías y tradiciones

Por Eugenio Pérez Almarales
Foto: Robin Thom

Mucho han cambiado los tiempos en casi medio siglo. Con el avance de la tecnología, la simplicidad de la vida y la rectitud en el comportamiento se esfumaron en no pocas aristas, como en los juegos infantiles, el sentido del respeto, la disciplina familiar…, y las madres –y padres- tuvieron que asumir nuevas y complejas preocupaciones.

En mi niñez, demasiado lejana para mi gusto, todo era más sencillo. Entonces a los muchachos que daban perretas se les llamaba “malcriados”; a quienes se propasaban con los mayores se les decía “frescos”, y los asuntos de ese tipo se subsanaban con un chancletazo “a tiempo”, no en la consulta del psicólogo, y no llamo a la violencia, ni minimizo el papel de los especialistas. Continuar leyendo “Madres, tecnologías y tradiciones”

Hábitos peligrosos y una mala pasada

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Por Eugenio Pérez Almarales

Mucho ha perdido la cultura cubana con la casi extinción de los pregones, de aquellos de buen gusto y picardía criolla, pensaba mientras un señor flaco y desaliñado voceaba por la calle Pio Rosado, en Bayamo: “Diiiipirona, Piiiiiiroxicam…”

Pero no es ese el peor de los efectos de las peligrosas prácticas de consumo irracional de medicamentos, desde una “simple” Duralgina hasta Viagra y sus similares, de las cuales existen en el mundo unos 27 millones de consumidores, sin reparar en que una supuesta fogosa noche puede terminar en desgracia. Continuar leyendo “Hábitos peligrosos y una mala pasada”

El apotegma* de Felo

Por Eugenio Pérez Almarales

Su origen humilde -allá por Pueblo Nuevo, sitio montañoso de Guisa-, el Servicio Militar en la frontera de Guantánamo, los azares de la existencia y la guerra en Angola, le dejaron rasgos y capacidades envidiables.

Descuellan su afabilidad imperturbable, apreciar lo que se tiene en todo su esplendor, aunque a otros parezca raquítico, mirar más allá de lo que anuncian las pupilas, y andar por la vida sin simulaciones.

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Guajiros

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“…ningún guajiro que se respetara iba a la capital sin tomarse una foto al minuto frente al Capitolio…” (Foto: https://cubanosporelmundo.com)

Por Eugenio Pérez Almarales

Cuentan que la palabra guajiro, con la que se designó en Cuba a los hombres del campo, debe su origen a una confusión popular.

Dicen que cuando las tropas estadounidenses intervinieron en la guerra cubano-española -casi ganada por los mambises-, los soldados norteños llamaban a nuestros patriotas War heroes, que pronunciaban, aproximadamente, uorjiro y que significaba héroes de guerra.

No obstante, mi amigo y prestigioso investigador Argelio Santiesteban (autor, entre otros, del libro El habla popular cubana de hoy) sostiene que en 1840, antes, incluso, del alzamiento en La Demajagua, la condesa de Merlin escribió sobre su viaje a La Habana: “Lo que más quiere el guajiro después de la amada es su caballo y su machete”. Y creo en el ilustre banense.

Pero no es del origen del vocablo de lo que quiero hablar hoy; a fin de cuentas, considero que esa palabra no se refiere ya tanto a los campesinos, sino, más bien, a quienes actúan de manera ridícula, por desconocimiento del sitio adonde van.

No faltan quienes pretenden aprovecharse de la ingenuidad de los no citadinos, pero yerran, como aquel estafador que visitó a Granma hace algunos años, quien, según su discurso, pretendía que las campesinas de la Sierra Maestra fueran como las parisinas.

No sabía el susodicho bandido que no hay culturas superiores ni inferiores. Una residente en Palma del Perro quizás no sepa conducirse en el metro, pero difícilmente una vecina de la torre Eiffel pueda pilar café o montar en mulo.

Y hay, también, derivaciones. Determinadas acciones se califican como “guajiradas”. Por mucho tiempo, por ejemplo, ningún guajiro que se respetara iba a la capital sin tomarse una foto al minuto frente al Capitolio Nacional, prueba de que había estado en “la grande”.

Mientras en las urbes hay todavía quienes se empeñan en ocultar sus raíces, mi excondiscípulo Guillermo Fonte estaba orgulloso de dos cosas: de ser guajiro y de tener entre sus amigos a Eduardo Tiburón Morales.

A tal punto disfrutaba de su origen Memo -como lo conocen en su natal Amancio Rodríguez– que durante nuestras andanzas por La Habana, en la década de los 80 del siglo pasado, cuando estudiábamos Geodesia y Cartografía, él, líder natural y entre los de mayor edad del grupo, gustaba de pasar las calles cogido de la mano de sus acompañantes, ante la mirada atónita de los capitalinos. Castañeda, Galafet, Hijuelos… pueden dar fe de esto.

Sin embargo, otros -¿la mayoría?- se esfuerzan en aparentar que son nacidos y criados en La Rampa.

Eddy, desde hace dos décadas periodista holguinero, caminaba con soltura capitalina por El Vedado, acababa de contar, de reojo, los pisos del Focsa y de edificios cercanos y se dirigió al emblemático hotel Habana Libre, cuyas habitaciones se alquilaban entonces por unos 20 pesos, en moneda nacional.

Extendió la mano para empujar la puerta de cristal, le puso fuerza al ademán, sin imaginar que se abría sola, al pisar la alfombra que la antecedía. Por supuesto, “se fue en blanco”, y solo atinó a simular un saludo a los presentes: “¡jey, jey…!”, decía, dando traspiés, mientras agitaba la mano.

Ese hotel puso en aprieto a muchos. Margarita -¡y no revelo sus apellidos!- bayamesa reyoya, paseaba frente a Coppelia con la indumentaria de los 80, con pitusa apretado, tarareando River of Babylon, de Boney M. Entró a la instalación como si fuera su casa y se sorprendió con una moderna máquina de limpiar zapatos.

Sin pensarlo dos veces, echó una peseta, metió el pie izquierdo; luego, depositó otra moneda e introdujo el derecho. ¡Maravilla de la tecnología!… pero no tanto, el artefacto no sabía limpiar sandalias, fue de las primeras personas en La Habana en aplicar betún a sus pies.