Sobrevivir

Por Eugenio Pérez Almarales

El huracán Flora fue el primer gran obstáculo que la vida puso a mi madre, ya próxima a la fecha de parto, allá por octubre de 1963. El descomunal diluvio dejó alrededor de dos mil personas muertas y un desolador panorama en el este de Cuba.

Mis padres, Miriam y Eugenio, vivían en La Habana. El embarazo del cual nací transcurrió prácticamente todo en la capital, y solo el alumbramiento se produciría en Oriente, “para estar cerca de la familia”.

¿Quién se iba a imaginar la catástrofe natural que limitó en toda la región la calidad de los servicios médicos y puso en peligro a aquella muchacha primeriza?
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