El aguacero de Vera

Fidel-Upec
En el VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba, en 1999. De izquierda a derecha: Luis Carlos Frómeta Agüero, Juan Rodríguez Licea, Maricela Presa Sagué, Comandante en Jefe Fidel Castro, Eugenio Pérez Almarales y Pedro Vera Portales; detrás, ante el podio, José A. Martín Pulido, entonces integrante de la presidencia nacional de la organización

Por Eugenio Pérez Almarales
Fotos: Radio Granma Digital

Pedro Enrique Vera Portales es más que un nombre. Es un apasionado de la historia, maestro del Periodismo; profundo conocedor del deporte, de la música cubana, de las tradiciones de su Manzanillo natal, enciclopedia perpetua, tempestad inagotable.

Ese hombre que ahora se jubila, largo y corpulento, de perfil aguileño, con andar poco menos ágil que antaño, pero de envidiables aptitudes, ha sido machetero, conductor radial, dirigente de base de la Unión de Periodistas de Cuba, diputado…

El monarca de la palabra al éter, exhibe entre sus exclusividades que no quiso escribir en teclados, pero fue (y es) capaz de improvisar y dictar dos noticias diferentes, párrafo a párrafo, en singular simultánea de prensa.

Aún integrante del fortísimo movimiento de corresponsales voluntarios de Cuba en la década de los años 70 y 80 del pasado siglo, tenía entre mis propósitos conocerlo. Allá por 1984, aproveché mi estancia en la principal Ciudad del Guacanayabo, adonde fui a trabajar brevemente como topógrafo en varias obras, y me aparecí en la sede de Radio Granma.

Me indicaron donde encontrarlo, subí la escalera y lo hallé en plena faena, transmitiendo, en vivo, un boletín para Radio Bayamo… sin haber escrito ni una oración. De un file tomaba pequeñas notas, con algunas cifras y palabras clave, componía mentalmente y leía ante el teléfono, con seguridad e impecable dicción.

La experiencia bastó para saber que a esas habilidades debe aspirar cualquiera que pretenda ejercer el periodismo radial.

Aunque no hablaré del Premio del Barrio ,de los CDR, ni de su título de Hijo Ilustre de Manzanillo, ni de la Distinción Del Esfuerzo, la Victoria…, porque parecería una despedida, y Vera es de los que estarán siempre, les cuento que en ocasión de entregarle  un galardón, en su barrio, los “homenajeantes” tuvieron la tarea de organizar las tablas de su desvencijada vivienda de la calle León, para que la foto quedara bonita.

No sé si fue en esa o en otra oportunidad que cuando la olla de caldosa pedía más fuego, comenzaron los vecinos a avivar la llama con cuanto material combustible tenían a mano y, sin percatarse, echaron a la hoguera la parte baja de la puerta de Vera Portales.

Tal es su popularidad, que en un carnaval de Campechuela, un personaje de los que cada vez se ven menos, vio su día hecho cuando percibió un bulto en el bolsillo trasero de nuestro colega, introdujo sus dedos, y ya casi con el botín, se percató: “¡Ññño, si es Vera!”, y devolvió la cartera a la profundidad.

Este excepcional comunicador, a quien vi por los años 80 del siglo precedente, con una pesada grabadora, atada con alambres, en el parque nacional La Demajagua, en su doble posición de maestro de ceremonia y de reportero, no escatima horario ante acontecimientos de los cuales el pueblo espera o necesita información.

Ha reportado disímiles sucesos, como visitas de Fidel a Granma, la fundación del Movimiento de la Nueva Trova, accidentes, la amenaza o el paso de ciclones…

Acostumbrado a “entrar” temprano, en vivo, a la programación informativa; aquella mañana, poco después de abrir los ojos ya reportaba para Radio Granma y, al finalizar su despacho, escuchó el agradable y refrescante sonido del agua al caer, lo que le dio el cierre: “Una última información, llueve sobre la Ciudad del Golfo de Guacanayabo”.

Y al salir a la calle, ¡qué sorpresa!, encontró el pavimento polvoriento, seco. Para un curtido intelectual, fiel a la máxima martiana de que “el periodista ha de saber, desde la nube hasta el microbio”, capaz de estar al tanto de la situación en el Golfo Pérsico, de las manipulaciones de la oposición venezolana, de la llegada de la leche, o de la carne para dietas…, resultó fácil encontrar la respuesta: fue el tanque, que se desbordó.

pedro vera

128

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s