BÉISBOL EN GRANMA: ESPÍRITU EN EL VIENTO

Por Eugenio Pérez Almarales
Foto Rafael Martínez Arias (Periódico La Demajagua)

Todo es béisbol en Granma en estos días. Los Alazanes hicieron cierto un añejo sueño, casi una quimera: ganar el campeonato nacional de pelota, con la sencillez que distingue a los hijos de esta región, Cuna de la nacionalidad cubana.

En los medios de difusión masiva, en las redes sociales, en las escuelas, en los centros de trabajo… el tema que une es la más reciente edición de la serie nacional de nuestro pasatiempo preferido.

¿Satisfacciones? Muchas, como ver erguirse a nuestro equipo, más allá de augurios y estadísticas, y asistir a la rotura de esa especie de sortilegio que solo permitía acariciar el podio, pero no escalarlo hasta la cima.

Disfruté cada gran juego, los batazos largos y los oportunos, las jugadas en la defensa, el pitcheo…; me emocionó ver en el terreno a Guille Avilés Difurnó, ese muchacho con sangre de caimán –porque caimanes somos los de Santa Rita-, que en el corazón andaba con Papo, su abuelo, aquél buen santarritero que lo llevó primero a los estadios, y a quien el tiempo no alcanzó para verlo campeón.

Hoy caló fuerte otra noticia, derivada del triunfo alazán, aceleró latidos y humedeció ojos: Carlos Martí, el manager, lo será del equipo Cuba que participará en el Clásico, porque “no le falta nada para serlo”, como alguien dijo.

Sí, el espíritu del béisbol está en el viento.  Se sintió esta tarde, cuando granmenses de todos los sectores abarrotaron el teatro Bayamo para, inspirados en Los Alazanes, vencer en una etapa de trabajo por el desarrollo integral de la provincia, a la cual denominaron Granma triunfa.

Pero ya oscureció en Bayamo; mañana será otro día para seguir disfrutando de la victoria.  En el viejo Subaru -émulo de los equipos para erradicar mosquitos, por la nube de humo que deja- regreso por la calle Martí, luego de dejar en su casa a la periodista Sara Sariol Sosa.

En la parada de ómnibus cercana a la Plaza Maceo Osorio (Parque de los coches), me detengo e invito: “Tres hasta el periódico La Demajagua”.  Suben y continúo. Todas son mujeres.

-¿Hasta dónde van? –pregunto.

– Cerca del hospital Céspedes, responden, agradecidas de que las ayude, al final de su jornada laboral.

-Las voy a acercar, entonces.

Dos se bajan frente a la unidad de salud.  Pregunto a la tercera su destino:

-Para la Calle de la Excelencia, cerca del Centro de Genética Médica.

Tuerzo a la izquierda, avanzo…

-¿Y ahora? –indago.

-A la izquierda otra vez. Aquí mismo, frente a la casa de Carlos Martí.

¡Valla casualidad! Las cosas de la pelota no habían terminado.

-¡Ah, usted es vecina del profesor!

-No, soy su esposa –Me contestó, y sentí en la frase nobleza y orgullo, dos elementos que tanto tuvieron que ver con ese resultado que saltó los muros del Mártires de Barbados.
(Bayamo, MN; 26 de enero de 2017, 8:01 de la noche)

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