Frases y circunstancias

A PROPÓSITO DEL ANIVERSARIO 40 DEL PODER POPULAR
Por Eugenio Pérez Almarales

Una frase expresada un día, en circunstancias particulares, es, pasado el tiempo, evocación de toda una época.  Algunas de esas expresiones y sus circunstancias han vuelto a mi memoria.

Mi padre, de cuna humildísima, “pero honrada”, como solían decir mis ancestros, se forjó en la rudeza de los platos vacíos, de lustrar calzado para que la familia no sucumbiera de inanición: “Señor, ¿un pañazo?”, decía, muy niño, cajón al hombro, en su natal Victoria de Las Tunas.

No ha sido dado a temer derrotas, sino que, sin proponérselo abiertamente, ha puesto el pecho “a lo que venga”. Sin embargo, Eugenio-I sabía que su fracaso era seguro, cuando, hace 40 años, alguien lo propuso como candidato a delegado del Poder Popular, en las primeras elecciones de base, en Santa Rita.

Lucas Rosales sería su oponente en las urnas, y, como aseguran que dijo el emperador Julio César, mi viejo pensó: “Alea iacta est”, es decir, la suerte está echada.  Era imposible ganarle a un hombre tan carismático, popular y dedicado a hacer bien a su pueblo, a mi pueblo.

Y perdió Eugenio-I las elecciones, sin embargo, una y otra vez volvería mi familia a tejer parte su historia ligada al Poder Popular.

Mi madre amaneció ingresada el día de las primeras elecciones de base, cuando trajo al mundo a mi hermano Edel, el 10 de Octubre de 1976, (luego fue delegado de base); mi tío Pasi fue el primer director de la Dependencia Interna del nuevo órgano de gobierno en la naciente provincia de Granma,  y en la década de 1990 obtuve dos veces el favor del barrio en las urnas.

Este último hecho me llevó a desempeñarme como vicepresidente y luego como presidente de la Asamblea Municipal de Jiguaní, en tiempos de penuria, como resultado de la desaparición repentina del campo socialista europeo.

Nos empeñamos en construir, aunque no hubiera materiales tradicionales;  aparecieron las tejas tevi, el cemento romano (cal con zeolita o cal más ceniza de central); los bloques machihembrados, los azulejos artesanales, los acueductos rurales (¿Verdad, Jesús González y Carlos Jiménez?)…

Aplicamos fórmulas para sobreponernos al hambre, surgieron alternativas alimentarias, como los platos elaborados con los llamados extensores y repartíamos tiquets para comer, todos por igual, en la fonda de Santa Rita, las pocas raciones de “fibra” de que disponíamos.

Ante la carencia de combustibles, cocinábamos con vainas y ramas de flamboyán, soplillo y yescas hasta de mango; era preciso sobrevivir, y sobrevivimos.

Optimista, como ha sido siempre, Ciano Escobedo, director de la galería de arte Benito Granda, respondía invariablemente al formal saludo de “¿Qué tal?”: “¡Contentos! Y eso que no hay de na´, ¡dígame usted cuando haya!

Porque esa cualidad de los cubanos no nos abandona ni en los momentos de la más extremas privaciones, Chemen o Echemendía, delegado del Poder Popular por varios mandatos en Dos Ríos, se propuso festejar “por todo lo alto” el aniversario de los CDR, y así lo informó en una concurrida reunión provincial:

-Vamos a hacer caldosa, bastante caldosa; pondremos música en todas las cuadras…

Y un importante dirigente del territorio, intrigado, le preguntó:

-¿Y la bebida? ¿De dónde van a sacar la bebida?

A lo que el líder de barrio respondió, entusiasmado y enfático:

-¡Tenemos listos 28 tachos pa´colar…!

Y ante el gesto de desaprobación de esa última iniciativa, Chemen ripostó:

-De Guille, secre, de guille.

 

 

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