Bayamo, en toda su grandeza

Por Eugenio Pérez Almarales
Foto: Luis Carlos Palacios

Las palabras enigma y rebeldía están ligadas a Bayamo desde la fundación de San Salvador, el 5 de noviembre de 1513, en un sitio hasta hoy desconocido.

Son varios los lugares probables en los que el Adelantado Diego Velázquez emplazó la segunda villa cubana.

San Salvador fue el nombre escogido por los ibéricos, quienes consideraban que el asesinato de Hatuey eliminaría la resistencia de los nativos y salvaría la conquista.

Ingenuos dicen que el ataque de feroces hormigas obligó a trasladar la villa, en 1514, para el cacicazgo aborigen de Bayamo, en la margen derecha del río de igual nombre y donde vivían alrededor de siete mil personas, sin embargo, es más probable que las razones fueran otras.

Cuentan que la zona del Bayam, el árbol de la sabiduría, poseía oro, fértiles tierras, y su río como vía para llegar en naves al mar.

Bayamo se convirtió en importante centro productivo y comercial, y, sobre todo, en crisol para la formación de la nacionalidad cubana.

En la mezcla de elementos de las culturas aborigen, africana y española se sustenta el nacimiento de un pueblo rebelde, en una comarca que atesora hechos trascendentales, imprescindibles de la historia nacional.

Algunos de los sucesos se han transparentado en leyenda; tal es el caso de la liberación del obispo Juan de las Cabezas Altamirano, secuestrado por el corsario Gilberto Girón, quien murió a manos del etíope Salvador Golomón, según Espejo de Paciencia, primera pieza de la literatura de la Isla con tema cubano.

Otros, arraigados en el corazón de los patriotas, como la creación del Comité Revolucionario; el nacimiento del Himno Nacional junto al olor a pólvora de la toma de la villa, el 20 de octubre de 1868, después de lo cual fue convertida en capital de la República en Armas, y su quema, en enero de 1869, para evitar que volviera intacta a manos españolas.

Bayamo no es solo de los bayameses. La villa, la comarca, esa que Velázquez y los suyos pretendieron pacífica, no es una demarcación cualquiera: aquí nació la patria cubana.

El medio milenio debe ser motivo para rememorar el aporte de sus hijos, incluso, más allá de las fronteras nacionales, y servir de inspiración en pro de su desarrollo.

17 de noviembre de 2012

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