Miedo no, cordura y pensamiento

Por Eugenio Pérez Almarales

Los estudios acerca del consumo cultural son amplios y diversos, sin embargo, en nuestra realidad apreciamos que abundan indagaciones, por ejemplo, en torno a qué instituciones del sector de la Cultura prefieren determinados grupos humanos, generalmente por edades, lo cual, si bien no es despreciable, no lo considero vital.

Es frecuente, además, el uso de la metodología de la investigación cuantitativa.

El reporte de investigaciones en la prensa en ocasiones aporta poco, pues no pasa de calificar, pero sin explicar el contenido de los estudios, ni proponer acciones en relación con los resultados.

A mi juicio, la relación del arte y los medios de difusión masiva no estriba solo en que los realizadores de la radio y la televisión, sobre todo, y los periodistas de medios escritos, produzcan obras de arte; el aporte mayor estaría en la construcción de capacidades críticas en los públicos.

La realidad de los medios de difusión ha cambiado definitivamente.

El 7 de abril de 2005 decía, durante la conferencia Reseña panorámica internacional y cubana de la Comunicación Social: “Encontré, hace unas horas (por tanto, ya la cifra es mayor), que el buscador Google, por ejemplo, reportaba la existencia de la friolera de 435 mil documentos relacionados con la frase “Comunicación social siglo XXI”.

“Si dedicara solo cinco minutos a referir cada uno, habríamos necesitado dos millones 175 mil minutos, o lo que es lo mismo, 36 mil 250 horas, o algo más de mil 510 días. Es decir, mi intervención concluiría después de cuatro años, redondeando cifras.

Esta mañana, encontré 612,000 resultados (en 0.25 segundos). Y al buscar “consumo cultural”, aparecieron 1,260,000 resultados (en 0.34 segundos).

El hecho debemos valorarlo en su justa medida. No es inteligente “azorarse”, como diría un campesino de la Sierra Maestra. No sería correcto arremeter contra las llamadas nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones.

El surgimiento de la televisión no hizo desaparecer a la radio, los tipos móviles de Gutenberg significaron progreso en la difusión de la cultura. Internet no es el apocalipsis, sino una nueva y poderosa herramienta que debemos saber usar.

Sirvan estos párrafos para introducir al preocupante “paquete”, que anda de bolsillo en bolsillo. ¿Por qué ahora? Claro, porque antes no existían soportes como las memorias flash, ni podíamos soñar con llevar un pequeño reproductor de películas y sonidos en el bolsillo de la camisa; pero eso no es una desgracia, sino una suerte.

Helmo Hernández, Presidente de la Fundación Ludwig de Cuba, ha dicho: “En mi opinión personal el paquete es la más cabal expresión de la cultura cubana contemporánea. Eso es lo que le gusta a la gente en este país. Estemos de acuerdo o no estemos de acuerdo, es lo que la gente está consumiendo en este país”.

“Todo el siglo XX, nosotros los que vivimos en el siglo XX y somos analógicos, estábamos acostumbrados a que las cosas fueran “broadcasteadas”.

Los cubanos hemos llegado hasta aquí gracias a nuestra capacidad de innovar, de crear: cuando no había electricidad, ni gas licuado, ni luzbrillante, inventamos los nonó -aquellos fogones que consumían leña verde y serrín compactado-; en estos tiempos de Internet, sin acceso pleno a ella, surgieron los paquetes, que es una suerte de internet enlatada.

Además, el acceso a Internet, la de verdad, es ya un hecho. No es miedo lo que necesitamos, sino cordura y pensamiento.

Coincido con Helmo Hernández, también, en esta afirmación suya: “No hay manera de que la televisión cubana, ni nuestros medios actuales compitan con el paquete, simplemente porque la gente quiere ver, lo que quiere, cuando quiere y en el soporte que quiere. Entonces, contra eso no hay manera posible de pelear.

“Por otra parte, en la economía mundial, en estos momentos, el renglón más fuerte es el renglón de los contenidos y de la producción de los contenidos. De eso se ha hablado mucho. En Miami se celebra, todos los meses de enero, la feria comercial sobre este tema donde más dinero corre en el mundo. El 50 % del volumen de este mercado está en Latinoamérica, Cisneros, por ejemplo, es uno de los más poderosos promotores de contenido. Hay una segunda feria. Primero empezó en Las Vegas, ahora se celebra en el hotel Fontainebleau en Miami, todos los meses de enero. La segunda de cada año es en Praga. Nada de eso es casual, todo eso tiene un sentido, hay que entenderlo, y nos va a caer arriba. “

Y si bien es cierto lo que afirma Helmo Hernández, tampoco se trata de cruzarse de brazos: es preciso usar toda la preparación cultural que ha fomentado y fomenta la revolución cubana, emplear las redes de instituciones culturales, los medios de difusión masiva, las universidades, los clubes de computación, las casas de cultura, las salas de televisión… ¡Complementemos los paquetes! ¡No es con prohibiciones como se gana la pelea, sino con inteligencia y objetividad!

Necesitamos lo que García Canclini llama “una teoría sociocultural del consumo”, como base del debate y de la acción cultural.

Es curiosa la reflexión de Dean Luis Reyes: “En mi medio específico, el de la crítica de cine, me duele cuando muchos de mis colegas repudian el cine comercial porque es banal y artero. Lo es, me consta. Pero mis referentes como crítico fueron, antes que Michelangelo Antonioni y Jean Luc Godard, Tiburon, ET, El Padrino, Walt Disney. Si no me convertí en un consumidor cultural maniatado es porque aprendí a apreciar el valor de cada cosa: es decir, de Salgari y Corín Tellado, de Proust y Virgilio Piñera. En cada uno hay un sabor irrepetible. Puedo hacer un análisis de cada cual y establecer jerarquías, si hace falta. Pero los placeres que cada cual me prodiga son solo míos, forman parte de mi particular aprendizaje y por ellos soy lo que soy.

Como parte del debate en los centros de enseñanza superior, Enzo Pigueiras Aleaga, estudiante del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, reconoció los altos precios de algunos centros culturales y su poca programación, lo que limita el esparcimiento y el consumo. (¿Lo que ofrecen nuestras instituciones, es lo que los públicos prefieren? ¿Un joven de ingresos medios o bajo puede consumir regularmente en instituciones como Mi tumbao o el nuevo Bayam?).

Alberto Mencota Enríquez, de la Universidad de Ciencias Médicas de Ciego de Ávila, se refirió a que los jóvenes han disminuido su asistencia a galerías y museos, bibliotecas, librerías, casas de cultura, cines y teatros, y ese tiempo lo emplean en ver los contenidos que llegan a través del llamado paquete. Pregunto: ¿Podremos revertir esa realidad? ¿Serán los cines, nuevamente, los lugares habituales de niños y jóvenes, en tardes, noches y matinés?

Esta es una responsabilidad del Ministerio de Cultura, claro que sí, pero también de los ministerios de Educación y de Educación Superior, de los medios de difusión masiva, de las organizaciones juveniles, de los clubes de computación y del ejército de instructores de arte, son potencialidades que no existen en otra realidad social.

La prensa debe ser menos descriptiva y más valorativa, debe contribuir a la creación y fortalecimiento de capacidades analíticas, a la formación del gusto, respetando la libertad de cada individuo a tener el suyo propio. La crítica –mirada como ejercicio del criterio- de acciones artísticas y culturales en sentido general, debe ocupar lugar de privilegio en las páginas de periódicos y revistas, y en programas de radio y televisión.

Nuestros periodistas deben ganar en habilidades para la apreciación de la cultura, y los especialistas del sector de la cultura deben asumir la palabra y compartir su conocimiento desde nuestros espacios.

Si un país puede afrontar con resultados positivos la globalización cultural desde los centros de poder, es Cuba.

*Palabras a instructores y profesores de las escuelas de arte de la provincia cubana de Granma, el 14 de julio de 2015.

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