Venganza a crédito

Por Eugenio Pérez Almarales
Todo indica que fue en 1946, pues coincide que el 11 de enero fue viernes -tal como en la familia se recuerda el hecho- y la protagonista del dislate tenía poco menos de tres años de edad.

Un tío, querido y respetado, falleció de un fulminante ataque al corazón, y la parentela se reunió en la casa del difunto, en un sitio rural de Jiguaní. El llanto inconsolable de la viuda y el sufrimiento de familiares y amigos hacían de la velada una solemne y desgarradora reunión.

La pequeña logró que la levantaran sobre el ataúd, y al ver el cadáver, con un paño ajustando su mandíbula inferior, para mantenerle la boca cerrada, recordó las imágenes de los comics de la época, y gritó: “¡Mamá, tío no se murió del corazón, se murió de paperas!”.

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