Vindicación del choteo

Por Eugenio Pérez Almarales

En fecha tan lejana como 1928, ese gran periodista y ensayista cubano
que fue Jorge Mañach decía que estaba consciente de que tomar al choteo
como asunto de una de sus conferencias provocaría sorpresa en algunos,

pues “no parece un tema serio”.

Pero razonaba, seguidamente, que muchas cosas tenidas por serias no

merecen tal calificación, mientras otras, con apariencia de banales, sí lo son.

No significa que para los habitantes de la tierra más hermosa… nada sea
serio, pues tras esa aparente ligereza hay almas sensitivas, decía Mañach.

Y hablo de choteo, no de irrespeto.

Tomar con desenfado situaciones terribles, reírse de sus propios proble-
mas, ver el lado simpático de asuntos tremebundos o solemnes, es carac-
terística distintiva de los cubanos, lo que nos ha ayudado a sortear,

contentos, escabrosas etapas.

El mencionado intelectual no los conoció, pero bien podrían haberles

servido de ejemplo los personajes de los cuales les contaré.

Mi amigo Silvio Guibert se distinguió como especialista en combustibles
y lubricantes, por la seriedad de su labor, por su entrega al trabajo, sin

reparar en horas ni días, y, también, como hombre alegre y bromista.

Al mal tiempo puso siempre buena cara. A mediados de los años 90 del
pasado siglo me avisaron de que estaba Silvio hospitalizado, en Jiguaní,
por un infarto cardiaco. Inmediatamente fui a verlo al policlínico Edor Reyes;
llegué, consternado, ante su cama; nunca había pasado por algo así, de lo

cual se percató enseguida.

“Tranquilo, mulatón -calificativo que prefería- que ese es el magneto,
bobeando”, me dijo, para tranquilizarme. ¡El enfermo calmando al visitante!
Un tiempo después, desde su silla de ruedas, luego de otra crisis, se
despedía de sus compañeros de sala, con drenajes, sueros, transfusiones:

“¡Bueno, muchachones, los espero esta noche en el Bayam!”

Otros, sin embargo, más que protagonistas, son víctimas, como el entra-
ñable Eladio Fuentes, quien fuera consagrado dirigente sindical del sector
de la Construcción, y resultó centro de una broma en ocasión y lugar

inesperados.

Tenía la misión de pronunciar las palabras de clausura de un importante
evento provincial del gremio, y, atendiendo a consejos de especialistas, se
dedicó a tomar notas del desarrollo del encuentro, acotar los puntos en los
que debía insistir, precisar posibles soluciones… Nada, que haría un gran

discurso.

Agotado el orden del día, acordaron coger un receso, para luego concluir
la cita. Al regresar al salón el maestro de ceremonias anunció: “Y para hacer

las conclusiones cedemos la palabra a Eladio Fuentes…”

Mientras, Eladio caminaba rumbo al podio; ya ante él, abrió la agenda
donde había escrito todo lo necesario para pronunciar una pieza oratoria

memorable… ¡pero no encontró ni una palabra!

Hojeó repetidamente la libreta, miró al público, palideció, volvió a buscar,
sudó frío… hasta que, con todas las miradas sobre su rostro, sin otra
solución, masculló, como buen santiaguero: “¡E ́to ha queda ́o… e ́pecial!”,
ante la risa contenida de los muchos que se prestaron para desaparecerle

los apuntes de su cuaderno.

Si hay algo tierno, sublime…, serio, es la consumación del amor, pero ni

ese acto escapa del choteo.

Un amigo, a quien desde hace mucho no veo y cuya identidad no revelaré
-por razones comprensibles- disfrutaba de un idilio extrahogareño. Un
sábado, luego de copas moderadas, boleros, miradas, caricias, decidieron,

él y su pareja, ponerse cómodos en la intimidad de la alcoba.

Una vieja grabadora en la mesita de noche acentuaba el erotismo de la
cita: El reloj de cuerda suspendido / el teléfono desconectado / en una mesa,
dos copas de vino / y a la noche, se le fue la mano. Una luz rosada
imaginamos / comenzamos por probar el vino / con mirarnos todo lo dijimos
/ y a la noche se le fue la mano…/ Si supiera contar todo lo que sentí / no

quedó un lugar que no anduviera en ti…

Y mientras la cantante Ana Belén estremecía la cama, se crispaban
manos, músculos… y ante el silencio del caballero, la voz de la novia
reclamó: “¡Pipo, pero pídeme algo!”, y la respuesta del galán no se hizo
esperar: “¿Tú me puedes regalar una libra de café pa ́ la vieja?”
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